Los chicos salieron temprano camino al aeropuerto. Yo tenía que estar en casa para recibir a Andreas, un alemán a quien Damián le arrendó su pieza por tres días.
De todos modos decidí ir en busca de un café donde desayunar.
- Las relaciones con Mickey, nuestro ratón inquilino han estado un poco tensas y prefiero comer afuera.-
Vagando por Brooklyn, en dirección al río, llegué a Bedford Av, donde a poco andar me encuentro con una adorable y pequeña cafetería. Muy campante pedí un latte, sin darme cuenta hasta después de haber hecho el pedido de que me faltaba un dólar. Angustiada, empecé a tantear mi bolso en busca de monedas (Tenían un cartel gigante que señalaba "CASH ONLY" y otro pequeño que decía "We don't accept $50 or $100": mis opciones eran muy reducidas). Logré hallar tres quarters y un puñado de centavos, al mismo tiempo que llegaba un iced latte en un simpático frasco.
Le expliqué a la cajera, una mujer amable y alegre y me dijo que no me preocupara y le trajera el resto del dinero luego. Muy avergonzada, acepté la propuesta, prometiendo que volvería.
Tomé el latte mientras actualizaba la bitácora y volví a casa a recibir a Andreas, un no-tan-sociable fotógrafo que pronto se encerró en su pieza. Mientras caminaba al departamento, se me ocurrió una idea para intentar reparar el error en la cafetería: Hacer un pequeño cómic de mi visita y llevarlo como ofrenda. Eran dos cuadros, pero me tomó toda la tarde. Por suerte era un día lluvioso, por lo que no lamenté quedarme adentro.
Recién como a las 8:30 pm salí de regreso a la cafetería con el dibujo en la mochila. Era tarde y temí que ya hubieran cerrado. Cuando llegué sólo quedaba una persona, un hombre al que le expliqué mi incidente en la mañana, le dí el quarter faltante y los dibujos. El sujeto estaba muy sorprendido y parecía no saber bien qué hacer. Primero se rió de mi deuda de un cuarto de dólar, luego me agradeció por el dibujo, dijo que lo colgaría en el mural y me ofreció un dulce. Acepté el dulce y volví a casa caminando y canturreando bajo la lluvia.
Recordé entonces que en estos días estaba la fiesta de San Gennaro, así que me dirigí a Little Italy, donde se habían instalado decenas de puestos de salchichas, pasta, todo tipo de cosas fritas (las Oreos fritas eran una de las más populares), y mis favoritos: canollis y macarons. Caminé entre el ruido y las luces, mirando todo. Me tomé un ice tea, comí una bruchetta, un canolli y un macaron de earl grey (delicioso!).
Disfruté la comida y la vista, pero me sentía sola y pronto me aburrí, así que partí a mi querido Ontario Bar, a tomar una cerveza antes de volver a casa. Ahí me encontré con Kerry que, una vez más, me rescató de mi soledad presentándome a otra pareja de párrocos. Sus nombres eran Laura y Nick, y eran muy simpáticos, ella era descendiente de argentinos y él había estudiado psicología y tocaba guitarra. Ya sentía que comenzaba a estorbar en la cita romántica, cuando de pronto aparece Jericco. Nos quedamos conversando hasta las 4 am y llegamos a hablar hasta de aliens. Me reí infinito.
Gastos del día:
- $ 4 Latte
- $ 12 Comida en San Gennaro
- $ 7 cerveza
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