Luego de un madrugador desayuno (5 am), poco a poco comenzaron a vislumbrarse las primeras luces del día, que iluminaron las nubes que flotaban bajo nosotros como un mar de algodón.
Al rededor de las 7 tuvimos los primeros asomos a la ciudad y sus alrededores. A las 8 aterrizamos.
Los trámites en la aduana duraron cerca de una hora. Fue chistoso ver y oír a los distintos pasajeros. Uno, anciano con pinta de académico, le aseguraba a sus acompañantes que tenía un asteroide a su nombre. Una mujer mayor se agachaba una y otra vez para recoger el pasaporte que su pequeño nieto insistía en botar.
El primer policía de la aduana era simpático y conversador, la segunda era intimidante. En la salida del Air train conocí a una pareja uruguaya que me acompañó hasta Jamaica St. Desde ahí seguí mi camino por la línea "J".
El metro pasó de largo mi estación y tuve que bajarme en la siguiente, por suerte no era más de un par de cuadras y tras caminar algunos minutos llegué a 371 S 5th st, Brooklyn. Ahí me recibió Jaime, el novio de mi primo Damián, con quien me quedaré durante mi estadía. Fue una buena y tranquila bienvenida. Era un día casi tropical, así que fui feliz cuando pude ducharme, instalarme y dar señales de vida al otro hemisferio.
Pronto me atacó el hambre y Jaime me dijo que lo mejor que podía hacer era ir al Deli de la esquina, comprar un sandwich e irme a almorzar a Central Park. Me pareció una buena idea, así que me encaminé para acá con un enorme y grasiento "Broadway Magic. Media hora más tarde, crucé el East River y subí Manhattan, para llegar a la estación del Natural History Museum. Y empecé a caminar.
En lugar de perderme inmediatamente en el Central Park, me puse a recorrer el Upper East side. Fue extraño, porque de algún modo todo me parecía familiar, con un aire a los barrios altos de Santiago (ok, ok, con muchos museos y una hermosa arquitectura). Quizás es tanta información la que está entrando a mi cerebro que necesito asemejar lo que veo a algo conocido.
Camino hasta que de pronto un montón de sirenas irrumpen mi deambular. Miro hacia donde se dirigen y luego veo el motivo de la urgencia: Un hombre, sin polera y manchado con sangre, está en el borde de una alta azotea, amenazando con lanzarse. La gente mira, varios graban con sus celulares. Me incomoda y atemoriza la situación y el morbo que la rodea, así que me alejo sin saber el desenlace de la historia.
"Welcome to New York", pienso. Que extraña mezcla esta ciudad, tan cordial y civilizada, tan violenta; tan diversa, tan en el límite entre la tolerancia y la indiferencia.
Ahora (4:30 pm), termino este capítulo para rodear una pequeña laguna en medio del Central Park y escuchar un trío de jazz que toca al otro lado.
- 7:30 llegué de vuelta al departamento. 7:35 me quedé dormida. -
Gastos del día:
- $ 113 metrocard ilimitado por 30 días
- $ 10 deli + té helado
- $ 2 banda de jazz en el parque (y un dibujo)
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