Tuve varios planes de salir en busca de una tienda de instrumentos, pero finalmente me quedé en casa, pintando. El Dami estuvo trabajando fuera, así que sólo nos vimos en la tarde, comimos y hablamos un rato.
Recién en la noche pude dejar mi letargo y animarme a salir. Después de googlear clubes (se me metió en la cabeza que quería bailar), dí con uno que no cobraba entrada y parecía buena onda. Es la primera vez que voy a carretear a Manhattan (creo que San Gennaro no cuenta).
Llegué al local y fuera de un par de grupos celebrando cumpleaños y hombres creepy acechando en la barra, estaba vacío.
Decidida a respetar mi regla de una cerveza, así que con el vaso en mano, me senté a observar.
- No sé si he escrito algo respecto a esta regla, es muy sencilla, pero sorprendentemente efectiva: consiste en disponer del tiempo que me tome beber una cerveza para que ocurra algo interesante o entretenido en un lugar. Si esto no ocurre, es hora de irse -
Pantallas de tv por todos lados muestran partidos de football americano, grupos de mujeres exageradamente maquilladas intentan torpemente hacer los pasos de baile de algún videoclip de moda, o conversan ruidosamente... Me sentía totalmente fuera de lugar.
Termino la cerveza y me dirijo al baño, muy desilusionada de la salida. En la fila, el tipo de atrás me habla y no le entiendo. Trato de hacerle entender en inglés que no comprendo lo que dice. Él se presenta y me dice "Ernesto", yo emocionada le respondo en español que me llamo Valentina. Conversamos un poco y me invita a una cerveza. Lo dudo un instante, pero luego acepto.
Ernesto me cuenta que es mexicano, que hace poco lo despidieron de su trabajo en México y decidió aprovechar de venir a visitar a su familia que vive acá. Yo le digo que mi historia es parecida. Luego de la segunda cerveza y un par de shots de whisky sabor canela, le dije que fuéramos a bailar. Eramos casi los únicos y era tan tieso como los gringos que bailaban a nuestro alrededor, pero intenté disimular la risa.
Como a la 1 a.m. decidí volverme a casa. No había sido una experiencia increíble, pero al menos pude bailar. Afuera llovía a cántaros, pero estaba caluroso. Me volví caminando y sin chaqueta bajo la lluvia. Quedé empapada y con el delineador esparcido por toda la cara. Estoy segura que parecía loca, pero al menos loca feliz, sonriendo en la noche tropicaloide.
Gastos del día:
- $ 8 cerveza



