lunes, 15 de septiembre de 2014

Capítulo VIII: Arena y sol

En mi depre ánimo (si, no he estado de lo más feliz), decidí irme lejos de la gente, al menos por un día. Así que fui a Fort Tilden en la península de Rockaway, que queda como a una hora de Williamsburg.

Luego de numerosos transbordos y una hambriadísima pasada al supermercado, llegué en bus al Jacob Ribb Park.

Para ser honesta, no sé si llegué a Fort Tilden, pero había sol, playa, un mar casi tibio y pequeños pajaritos corriendo por la arena. Era una playa aislada y lo único que rompía el silencio era el ruido de las olas. Devoré mi snack y me quedé dormida.

A veces tanta soledad e introspección cansan. Lo más desagradable de no hablar con otros es el monólogo interno, que podría nunca silenciarse. Al menos mientras dormí pude acallarlo un rato.

Desperté acalorada y me puse a caminar por la orilla. De a poco empecé a toparme con más gente y a ver el comienzo de la zona habitada. Como a las 5:30 tomé el bus de vuelta, para llegar a las 7 a abrigarme y comprar algo para comer. Cuando me había sentado a cenar llegó Andreas y luego Damián, que había estado trabajando fuera por tres días.

Hablé con mis amigas por Skype hasta que se me pasó la maña. Increíblemente, sobreviví a mi día del terror.

                 
                        Gastos del día:
                      - $ 7 manzana, yoghurt y frutos secos.
                      - $ 8 sandwich y chocolate


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