- Dicen que el tiempo pasa volando cuando te diviertes. Debo estar pasándolo bien, porque últimamente me cuesta hallar el momento para registrar todo lo que va pasando (este día lo escribo con un día de atraso). -
Salí con la intención de ir a Rockaway Beach, las playas al sur de Nueva York. Sin embargo, después de pasar media hora perdida entre estaciones de metro, cambié de planes y me dirigí a Lower Manhattan, con la idea de conocer Wall Street y ver el sur de la isla. Con un batido de frutas en mano, caminé por las efervescentes calles del distrito financiero hasta ver agua. Ahí me apresuré, al aparecer el Museo Indígena Americano y el Battery Park.
Paseé por ahí, todavía un poco perdida, y decidí tomar el South Ferry a Staten Island. Por casualidad llegué al piso de abajo y caminé hasta llegar a la punta del ferry, donde brillaba el sol y me abrazaba el viento. El día estaba precioso.
Deambulé por Staten Island y quedé fascinada con sus antiguas casas de madera, tan distintas de la estética newyorkina. Un par de horas más tarde regresé a la estación, me zampé un gigante slice de pizza y volví por ferry.
De vuelta en Manhattan, fui en busca del memorial del 9/11. Dos agujeros cúbicos por dónde caía agua hasta perderse, en el lugar donde antes estuvieron las torres gemelas. Me bajó una pena grande e incomprensible ahí, no sé por qué. Extraño lugar, también extraño que sea un foco turístico donde la gente posa sonriente.
Después de un rato, volví sin querer al otro extremo del Battery Park ¡Que lugar más hermoso! Lleno de detalles y con una hermosa vista. Caminé largamente, y casi al volver al comienzo me topé con la más extraña escena: A mi lado una chica grita por teléfono que se acaba de comprometer, mientras el novio la mira expectante. Al girar la vista al frente me cruzo con un famoso actor hollywoodense que va arriba de una bicicleta y luego, un poco más adelante, una sesión de fotos con delgadísimas modelos. Sigo avanzando y a mi lado medita un joven monje, mientras una pandilla de niños juega y grita a su alrededor.
Vuelvo agotada a casa, donde hacemos una tierna cena de despedida para Jaime. Me siento la más violinista, pero no tengo energía para salir. Plan de viernes por la noche: Dormir!!
Gastos del día:
- $ 5 Batido de frutas
- $ 5 Pizza y té helado
Paseé por ahí, todavía un poco perdida, y decidí tomar el South Ferry a Staten Island. Por casualidad llegué al piso de abajo y caminé hasta llegar a la punta del ferry, donde brillaba el sol y me abrazaba el viento. El día estaba precioso.
Deambulé por Staten Island y quedé fascinada con sus antiguas casas de madera, tan distintas de la estética newyorkina. Un par de horas más tarde regresé a la estación, me zampé un gigante slice de pizza y volví por ferry.
De vuelta en Manhattan, fui en busca del memorial del 9/11. Dos agujeros cúbicos por dónde caía agua hasta perderse, en el lugar donde antes estuvieron las torres gemelas. Me bajó una pena grande e incomprensible ahí, no sé por qué. Extraño lugar, también extraño que sea un foco turístico donde la gente posa sonriente.
Después de un rato, volví sin querer al otro extremo del Battery Park ¡Que lugar más hermoso! Lleno de detalles y con una hermosa vista. Caminé largamente, y casi al volver al comienzo me topé con la más extraña escena: A mi lado una chica grita por teléfono que se acaba de comprometer, mientras el novio la mira expectante. Al girar la vista al frente me cruzo con un famoso actor hollywoodense que va arriba de una bicicleta y luego, un poco más adelante, una sesión de fotos con delgadísimas modelos. Sigo avanzando y a mi lado medita un joven monje, mientras una pandilla de niños juega y grita a su alrededor.
Vuelvo agotada a casa, donde hacemos una tierna cena de despedida para Jaime. Me siento la más violinista, pero no tengo energía para salir. Plan de viernes por la noche: Dormir!!
Gastos del día:
- $ 5 Batido de frutas
- $ 5 Pizza y té helado
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